Durante el fin de semana, decenas de miles de personas volvieron a salir a las calles en varias ciudades de Irán para protestar contra el sistema de gobierno islámico. Se estima que unas 13.000 personas participaron en las concentraciones solo en las grandes ciudades. Los manifestantes exigen amplias reformas políticas y el fin del tutelaje religioso por parte de los líderes en Teherán.
En paralelo a estas oleadas de protestas actuales, se publicó un informe que documenta la magnitud de la violencia durante los disturbios recientes. Según los datos, hasta 18.000 personas podrían haber perdido la vida en relación con las protestas. Esta cifra supera con creces las estimaciones anteriores y subraya la dureza con la que las fuerzas de seguridad supuestamente actuaron contra la población civil.
La comunidad internacional observa la situación con creciente preocupación. Organizaciones de derechos humanos piden una investigación independiente de los sucesos. El gobierno iraní no se ha pronunciado oficialmente sobre las nuevas cifras de víctimas, pero ha rechazado regularmente las críticas a su actuación pasada, calificándolas de injerencia en asuntos internos. La situación en el país sigue siendo tensa, ya que no se vislumbra un final a la desobediencia civil.