Las negociaciones en la capital estadounidense, Washington, sobre el futuro de Groenlandia han terminado sin un avance significativo. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reiterado su deseo de tomar el control de la isla ártica, que es estratégica, y lo considera una prioridad para la seguridad nacional de Estados Unidos. Sin embargo, el gobierno autónomo de Groenlandia y Dinamarca rechazan firmemente una venta o transferencia de la soberanía, y se apoyan en el derecho internacional vigente.
Después de la reunión entre el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, el vicepresidente JD Vance, y sus homólogos daneses y groenlandeses, Lars L kker Rasmussen y Vivian Motzfeldt, solo se acordó establecer un grupo de trabajo de alto nivel. Este grupo deberá estudiar en las próximas semanas cómo se pueden armonizar los intereses de seguridad de EE. UU. con las líneas rojas del Reino de Dinamarca. Rasmussen enfatizó que sigue existiendo un desacuerdo fundamental.
Los esfuerzos diplomáticos están respaldados por una mayor actividad militar en el Ártico. Dinamarca anunció que aumentará su presencia militar en la isla. Al mismo tiempo, aviones de combate daneses realizan maniobras sobre territorio groenlandés junto con aviones cisterna franceses para demostrar su disposición operativa. La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, también opinó sobre el tema al margen de una visita de Estado a Japón. Hizo un llamado a una respuesta coordinada dentro de la OTAN y recalcó que Groenlandia, como territorio, debe considerarse bajo la responsabilidad de la alianza noratlántica. Consideró que una opción militar unilateral de EE. UU. sería poco realista y perjudicial para la alianza.