Las protestas a nivel nacional contra el régimen iraní se han detenido en gran medida, según informan activistas y observadores. La organización kurdo-iraní de derechos humanos Hengaw informó el viernes que no se registraron más manifestaciones importantes desde el inicio de la semana. Sin embargo, la situación de seguridad en el país sigue siendo extremadamente restrictiva, y los defensores de los derechos humanos estiman que el número de muertos desde el comienzo de los disturbios a finales de diciembre supera los 2.500. La comunicación con el extranjero sigue estando muy restringida debido a los bloqueos de internet.
Entretanto, la Casa Blanca anunció que, debido a la presión del presidente de EE. UU., Donald Trump, se habían cancelado unas 800 ejecuciones de manifestantes previstas. Trump había advertido previamente al régimen de Teherán sobre 'consecuencias graves' y no había descartado una intervención militar de EE. UU. Según fuentes gubernamentales, el presidente fue informado del alto a las ejecuciones por 'fuentes importantes del otro lado'. A pesar de ello, EE. UU. mantiene su amenaza, y las opciones militares siguen estando 'sobre la mesa'.
A nivel internacional, crecen las voces que exigen una actuación decidida contra la violencia en Irán. El canciller austriaco Christian Stocker y representantes de la UE condenaron enérgicamente la actuación del régimen y anunciaron su apoyo a nuevas sanciones. Por su parte, el presidente ruso Vladimir Putin se ofreció como mediador y conversó por teléfono con los líderes de Teherán y Jerusalén, instándoles a asegurar la estabilidad en la región por medios diplomáticos.