La discusión política sobre el futuro de Groenlandia ha alcanzado un nuevo nivel de tensión. Los informes sobre los intentos del gobierno de Estados Unidos de comprar la isla, de gran importancia estratégica, a Dinamarca están causando fricciones considerables entre los socios de la OTAN. La primera ministra danesa y el gobierno local en Nuuk han insistido repetidamente en que Groenlandia no está en venta y que los derechos de soberanía de la población deben ser respetados.
Los expertos trazan paralelismos con la histórica Louisiana Purchase de 1803, cuando Estados Unidos adquirió a Francia un territorio de tamaño comparable. En el debate actual, también se menciona la enorme deuda pública de EE. UU., que los críticos consideran un riesgo potencial para la estabilidad internacional. En la propia Groenlandia, el ambiente ha cambiado notablemente; muchos habitantes temen que su tierra sea vista simplemente como una ficha de cambio en un juego de poder global.
La ubicación estratégica de Groenlandia en el Ártico hace que la isla sea especialmente valiosa para Estados Unidos, sobre todo en lo que respecta a los recursos naturales y la vigilancia del espacio aéreo. No obstante, se señala que los tratados internacionales y el derecho a la autodeterminación de los pueblos hacen que un simple contrato de compra, como fue posible en el siglo XIX, sea legalmente casi imposible en la actualidad.