El conflicto entre Estados Unidos e Irán ha alcanzado un nuevo nivel de confrontación militar. Frente a las costas de Sri Lanka, un submarino estadounidense hundió la fragata iraní Iris Dena. Según los informes, al menos 80 miembros de la tripulación murieron en el ataque. El presidente estadounidense, Donald Trump, justificó el hundimiento diciendo que tuvo que "sorprender" al líder religioso iraní, Ali Jamenei, antes de que este atacara a Estados Unidos. Mientras tanto, Israel anunció que también pondrá en la mira a posibles sucesores de Jamenei.
La situación de seguridad en la región sigue siendo crítica. La OTAN asume que Turquía fue blanco de fuego de misiles iraníes, lo que podría desencadenar debates sobre el caso de defensa colectiva. Además, el tráfico marítimo en el estratégicamente importante Estrecho de Ormuz se ha paralizado en gran medida. Se informa que el volumen de tráfico de petroleros se ha desplomado alrededor del 90 por ciento después de que buques mercantes fueran atacados repetidamente. Esto genera preocupación mundial sobre un shock masivo en los precios de la energía.
La presión internacional por una solución diplomática está creciendo. Mientras que las potencias europeas como Gran Bretaña y Francia ya están mostrando presencia militar, se especula sobre un posible acuerdo entre Trump y el liderazgo chino bajo Xi Jinping para poner fin a la crisis del petróleo. Al mismo tiempo, los comisarios de la UE advierten sobre una nueva ola de refugiados como consecuencia de las acciones bélicas. En Estados Unidos, también se debate hasta qué punto el Congreso puede limitar los poderes militares del presidente en este conflicto.