El ejército israelí ha iniciado, según sus propias declaraciones, una nueva y amplia ola de ataques contra la capital iraní, Teherán, la mañana del jueves. El objetivo de la operación son las infraestructuras estratégicas del gobierno iraní. Testigos presenciales informaron de fuertes explosiones en la zona de la ciudad. Al mismo tiempo, la fuerza aérea israelí atacó varios centros de mando de la milicia proiraní Hezbolá en el Líbano. El portavoz militar israelí comunicó que, desde el inicio de la ofensiva, se habían destruido unos 300 lanzacohetes iraníes, lo que había limitado considerablemente la capacidad de Teherán para llevar a cabo contraataques masivos.
A nivel internacional, una posible expansión del conflicto está causando inquietud. El Estado Mayor iraní desmintió los informes sobre el lanzamiento de un misil balístico hacia Turquía. Previamente, fuentes de la OTAN habían informado de la intercepción de un proyectil sobre el Mediterráneo oriental. Mientras tanto, la administración estadounidense bajo el presidente Donald Trump se enfrenta a desafíos logísticos. Los análisis apuntan a una inminente escasez de misiles interceptores, ya que los costes de la defensa contra los baratos drones Shahed iraníes no están en proporción con su precio de producción. Mientras que un dron iraní cuesta aproximadamente 20.000 dólares estadounidenses, el coste de un misil interceptor Patriot asciende a unos cuatro millones de dólares estadounidenses.
La situación humanitaria en la región sigue empeorando. Actualmente, decenas de miles de turistas europeos están atrapados en la región del Golfo, ya que el espacio aéreo permanece en gran parte cerrado. El gobierno federal alemán y otros estados europeos están preparando vuelos de evacuación para los grupos especialmente vulnerables. La presidenta del Consejo de Ministros italiana, Giorgia Meloni, enfatizó la solidaridad con Estados Unidos e Israel, pero al mismo tiempo hizo un llamado a la desescalada para evitar que los combates se extiendan a otros estados del Golfo.