El rumbo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está causando importantes desavenencias a nivel internacional. Un foco central de conflicto sigue siendo Irán, contra el cual Estados Unidos e Israel llevaron a cabo recientemente ataques militares extensos. Mientras que el vicepresidente JD Vance enfatizó que el objetivo principal es evitar una bomba nuclear iraní y no primordialmente un cambio de régimen, la presión sobre los aliados aumenta. En particular, la relación con el Reino Unido se percibe tensa. Trump expresó su decepción con el primer ministro Keir Starmer, ya que este último solo autorizó con retraso el uso de bases militares británicas para los ataques. Starmer, a su vez, subrayó que las fuerzas británicas solo se emplean sobre una base legal y con fines de defensa.
Paralelamente, el gobierno de EE. UU. consolida su influencia en Sudamérica. Tras el derrocamiento violento y la detención del jefe de Estado venezolano Nicolás Maduro, la presidenta de transición en ese país, Rodriguez, ahora exige una flexibilización de las sanciones. Al parecer, EE. UU. planea asegurar a largo plazo el control sobre Venezuela y sus reservas de petróleo, enfocándose también en la integración de empresas occidentales.
En política interna, la condición de salud del presidente, próximo a cumplir 80 años, vuelve a ser tema central. Una mancha roja notoria en el cuello de Trump desató especulaciones. La Casa Blanca explicó al respecto que se trataba de una reacción a una crema recetada para prevenir irritaciones de la piel. Además, se observaron nuevamente hematomas en su mano, atribuidos oficialmente a los frecuentes apretones de manos y al aumento de la ingesta de aspirina para la prevención cardiovascular.