La escalada militar en Irán tiene efectos inmediatos en la economía mundial y está afectando cada vez más a los consumidores en Europa. Esto se ve claramente en las gasolineras: el precio del diésel ha superado en muchos lugares los dos euros por litro en la mañana del miércoles. Expertos como el economista Martin Lück pronostican que la incertidumbre en los mercados de petróleo crudo podría llevar a un aumento de precios sostenido a corto y medio plazo, lo que intensifica las preocupaciones sobre la inflación entre la población. En Austria, una gran parte de los ciudadanos teme una clara pérdida de su poder adquisitivo, según encuestas recientes.
Además de los costes directos de la energía, los especialistas advierten sobre una reacción en cadena en los precios de los alimentos. Dado que tanto la producción agrícola como las cadenas de logística dependen mucho de los costes de combustible y energía, es probable que se produzcan subidas en los alimentos básicos. Políticamente, el gobierno federal alemán se ve bajo presión. La Alianza Sahra Wagenknecht (BSW) acusa al gobierno federal de no haber tomado suficientes precauciones para asegurar las reservas de combustible y gas. Una portavoz del partido criticó que las reservas estratégicas podrían no ser suficientes para superar una crisis prolongada sin grandes distorsiones de precios.
A diferencia del ambiente generalmente deprimido en la economía de consumo, la industria automotriz alemana se muestra resistente por el momento. Datos recientes indican que el sentimiento en el sector está aumentando ligeramente a pesar de los riesgos geopolíticos, lo que se atribuye principalmente a cadenas de suministro estabilizadas y una fuerte demanda de exportación. Sin embargo, la incertidumbre sobre la duración del conflicto sigue siendo un factor determinante para la previsión económica futura del año 2026.