La situación política en Irán se ha agravado, según informes sobre la represión generalizada de las protestas masivas más recientes. En Washington, Reza Pahlavi, hijo del shah depuesto en 1979, pidió a la comunidad internacional una 'intervención dirigida'. Subrayó que esto no requiere tropas terrestres, sino un apoyo que debilite la maquinaria estatal y acelere el colapso del régimen. Pahlavi se ve a sí mismo en una posición única para liderar un gobierno sucesor.
Al mismo tiempo, activistas y organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional informan sobre violencia masiva por parte de las fuerzas de seguridad. Cientos de personas han sido detenidas arbitrariamente y hay numerosas víctimas mortales. En muchas partes del país, internet sigue bloqueado, lo que dificulta la obtención de información. Una exiliada que vive en Hamburgo relató, como ejemplo, la incertidumbre sobre el destino de sus parientes en su tierra natal.
A nivel diplomático, se observa una profunda división. Mientras el presidente estadounidense Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanjahu demuestran una estrecha coordinación y plantean ataques militares contra el programa nuclear iraní y apoyo a los manifestantes, Moscú advierte contra una mayor escalada. El presidente ruso Vladimir Putin, según el Kremlin, está buscando mediar para reducir las tensiones en la región. Rusia también condenó las amenazas de Estados Unidos por ser contraproducentes.