A principios de marzo de 2026, la navegación internacional se enfrenta a una escalada dramática. En el mar Mediterráneo, el buque cisterna de GNL Arctic Metagaz, que navegaba bajo bandera rusa, se hundió tras producirse un incendio a bordo. Rusia culpa a Ucrania del incidente y habla de un ataque con drones marinos. El barco, que transportaba gas natural licuado (GNL), se encontraba al este de Malta en el momento del accidente y formaba parte de la llamada flota fantasma rusa, que elude las sanciones internacionales.
Paralelamente, la situación en Oriente Próximo se ha agravado enormemente. Como resultado de los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel contra Irán y las consecuentes reacciones de este último, el Estrecho de Ormuz está prácticamente bloqueado. La naviera de Hamburgo Hapag-Lloyd y otros gigantes de la logística internacional han suspendido sus travesías por el estrecho. Según informes del sector, actualmente hay unos 25 barcos alemanes, incluyendo dos cruceros con alrededor de 7.000 pasajeros, varados en el Golfo Pérsico. El director general de Hapag-Lloyd, Rolf Habben Jansen, advirtió sobre graves interrupciones en las cadenas de suministro y anunció recargos por riesgo de guerra.
Otro suceso ocurrió frente a la costa de Sri Lanka. Allí se hundió la fragata iraní IRIS Dena a unos 40 kilómetros al sur de la costa. De los 180 tripulantes, 32 fueron rescatados con heridas graves; más de 100 personas están desaparecidas. Si el hundimiento está relacionado con las operaciones militares en curso de Estados Unidos e Israel contra Irán no se confirmó oficialmente. La inseguridad regional se ve reforzada por graves interferencias en el GPS en el Océano Índico y el Golfo.